Los molinos de Charqui y sus 500 años de historia Destacado

Escrito por  Sábado, 23 Septiembre 2017 15:07
Valora este artículo
(0 votos)
Los molinos de Charqui y sus 500 años de historia Los molinos de Charqui y sus 500 años de historia

Amelia y Hermelinda Maldonado Ordóñez, hasta ahora son la última generación que mantienen este ancestral e histórico sistema de molino de piedra que fusiona a fuerza de agua, allá en Charcay, Nabón, Azuay.

Una vía angosta terrosa curvada, así como una serpiente que hace ondas en su cuerpo, conduce a Charqui, un poblado cercano al cantón Nabón, en Azuay, Ecuador. Son cinco kilómetros a recorrer entre el centro cantonal y el espacio andino, un espacio lleno de vegetación bañado por el río Charcay.

En el cantón todos conocen Charcay. Es más, cuando se llega al pueblo la señalización turística indica por donde dirigirse para llagar a los molinos de piedra, uno de los atractivos casi enigmáticos del sector, por la forma casi ancestral de machacar o moler los granos maduros.

Charcay es verde. Las parcelas de pasto cercadas con alambres de púas crean el ambiente ganadero, agrícola. En marzo, el verde de los pastos marca el color del lugar, que está específicamente a cinco kilómetros de Nabón. El blanco-negro de las reses combinan ese matiz campirano.

 “Aquí los terrenos son caros, es donde más cuesta el suelo, en Nabón”, dice el joven fotógrafo acompañante al viaje; el guía para llegar al sitio de los molinos, un espacio marcado por la presencia de pastos y bosques de eucalipto. Una angosta pero alargada vía, abierta hace no más de diez años es la arteria que conecta con el destino final.

El verdor del sector

El sector de Charcay está regado por el río Charqui, una vena de líquido más o menos ancha, correntosa, de aguas verdosas en inviernos y claras en verano. Un puente hecho de hormigón permite pasar al otro lado de la orilla. Ese puente es moderno, antes había uno de madera, pero se se retiró; el prefecto Paúl Carrasco autorizó la construcción de esa obra con la ayuda del gobierno de Japón.

Cruzar el puente es la primera aproximación a los molinos de piedra. La carretera sigue angosta y hay que a hasta el final de ese brazo de camino, porque allí están las hermanas Maldonado Ordoñez, Heremelinda y Amleia, quienes conservan este sistema que es parte de su vida y de la identidad del sector.

En marzo, el sitio no solo es verde; hay flores por todas partes. Una acequia ancha es como un cordón umbilical que conecta con el molino y la casa donde habitan sus dueñas. Un perro negro alegre sale a recibir a los visitantes, ladra como si fuera a devorar a la presa, pero con una sola muestra de cariño, esa ferocidad se convierte en ternura.

 “Esta es la playa de Charqui, tenemos al río Charcay que viene de la alturas, no conozco como mismo se llamará el lugar donde nace el río, los que se van por ah,í para El Oro, saben como se llama allá donde nace el río”, dice Amelia, una de las hermanas.

La casa de las hermanas Maldonado-Ordónez está rodeada de naturaleza. Baja, con techo de teja, paredes de adobe, puertas y ventanas de madera, así es la vivienda que tiene muchos años. El primer entorno natural de la vivienda es el huerto. Los árboles de manzana estaban con las ramas inclinadas por el peso de los frutos. El árbol de pera, tenía colgados como bombillos los frutos verdes.

El huerto se vestía con algunas legumbres y plantas ornamentales. En otro rincón del huerto estaban las yerbas medicinales, de pata con panga, por ejemplo, que es buena para la tos, entre esas especies sobresalían entre las flores de alelíes.

 “Yo nací aquí, mi papá fue de Oña y mi mami Salomé Ordoñez de aquí. Ellos desarrollaron su vida aquí. Mi papá Herminio Maldonado ha tenido una casita allá en Oña, ha vendido y vino a comprar este espacio. Él es quien se dedicó a moler, muchos dueños han pasado, antes”, ese es otro de los testimonios de Amelia.

Los molinos de piedra

Los molinos son muy antiguos, una tía de las dos mujeres, muy anciana por cierto, cuenta que esos molinos tienen más de 500 años. Así mismo dice que, Herminio Maldonado es el cuarto dueño de ese lugar, el hombre compró la propiedad hace más de 70 años a David Paredes. Para ese tiempo, el costo fue una fortuna, los Maldonado-Ordóñez pagaron 1.100 sucres por ello. Herminio fue el cuarto dueño, sus hijas no conocen quien fue el primero, pero ellas son las últimas hasta ahora.

La acequia ancha es el cordón, la guía que lleva al espacio de los molinos ubicados unos 100 metros más abajo de la vivienda. Hay que pasar por un camino angosto rodeado de moras, de tunas, de congona dulce.

La casa donde se instala el molino es antigua, hace no mucho se cayó la cubierta, se trizó la madera, y las hermanas de 67 y 69 años de edad, volvieron a refaccionar. Eso fue hace un año, ellas dicen que la pared tienen muchos años, no saben cuantos, pero si explican que está hecha con adobe.

El molino se instala en una especie de terraza, desde allí se ve al río Charcay que baña el pasto donde comen las vacas de la cuñada de Amelia y Hermelinda.

Una llave de canuto, de esas que pesan tanto como lo pecados mortales, abre la puerta del cuarto donde está el molino. Lo primero que se ve, es la tolva conífera donde se ponen los granos, en el suelo de cemento y tierra está como la protagonista de todo la gran piedra en forma de un domo circular que se encarga de moler.

Un foco de luz eléctrica cuelga del centro del techo, un palo delgado como una vara, de no mas de 40 centímetros de largo se ubica como a la boca delgada de la tolva por donde cae el grano. Esa vara permite graduar el grosor que se quiere de la harina, si el cliente desea grano fino se hala hacia afuera, si es grueso se lo pone hacia adentro.

El molino funciona con el agua. Una vez que la corriente llega al lugar donde se instala una canal hecho de madera dirige la corriente y con la fuerza del chorro mueve las aletas de una inmensa rueda. Con el girar la rueda se mueve la gran piedra de muchos quintales de peso, una piedra milenaria que, como elemento de decoración, tiene dos cruces católicas.

El grano que cae de la tolva llega hasta el orificio de la piedra que al friccionar contra otra muele el grano seco. Es en ese momento cuando se define el grosor y el uso de las cuñas que ayudan a definir cuan fino se desea lo machucado. “Si es mas grueso se le pone la cuña para adentro y si se quiere mas fino se le alza, así se le manejan las cuñas”, advierte Amelia.

Granos de maíz para chanca; granos de cebada, trigo, alverjas, habas y todo lo que haya, se depositan en la tolva. Estos tiempos, la actividad del molino ha disminuido, hace no muchos meses sufrió un daño, no había suficiente agua para operar, pero por el momento lo del agua se ha superado.

La toma de agua y el funcionamiento

El agua para que funcione la rueda del molino debe tener mucha fuerza. En invierno hay mucha, sólo que esta ocasión, la toma se taponó con las piedras y palos que arrastró la fuerte corriente, por lo que el agua se iba con el río y no entraba al canal.

El molino se compone de dos partes, la piedra que está dentro de la casa, además hay unos postes trasversales que sirven para virar la piedra, porque entra el artesón, que es una cosa de cemento que antes era de tabla. “Cuando mi hermano se sintió mal hizo el trabajo de hormigón, para que no nos sacrificáramos en componer, y claro, ahora es seguro”, advierten las dueñas.

La otra parte es la que queda bajo el sitio del molino, allí se encuentra el canal por donde se conduce el agua y cae el chorro, la rueda voladora con sus dientes que no es la primera, el hermano de Amelia y Hermelinda, la cambió hace unos 50 años, y que es la que impulsa el movimiento de la piedra voladora.

El espacio de abajo es una construcción de tres paredes hechas con las piedras del río. Así como hay un boca de ingreso para el agua con el canal, también hay el espacio de salida. Las piedras de esa espacio son resbaladizas y están con los musgos verdes propios de la humedad. Para sostener el piso donde de la casa, se colocaron algunas columnas de hormigón.

 “Moler un tarro de trigo cuesta dos dólares, cada tarro cuenta con ocho galones, por lo, tanto moler un galón de grano en el molino de piedra tiene un costo de 25 centavos cada galón. El tiempo de molido depende del estado en el que se encuentre el grano. Por ejemplo, si el grano de trigo está seco muele igual que la cebada tostada, es rápido; pero si el grano está fresco se demora más.

Ese molino no hace mucho ruido, o si lo hace, no es un ruido contaminante, a lo que gira provoca un poco de polvo. “Desde que yo me acuerdo aquí pasaba el molino, recuerdo que habían dos, pero como las tierras son de herencia, entonces mi hermano botó otro molino, teníamos dos de las mismas condiciones”, recuerda Hermelinda.

Las piedras labradas no las guardaron una fue a parar en un laguna de peces y otra está en la orilla de la acequia, se usaba para lavar. Ese molino quedaba cerquita del lugar, pero ya se tapó con la tierra, la piedra forma parte del cimiento de la pozo. “El dueño sabe lo que hace”, asevera una de las hermanas.

Las hermanas Maldonado-Ordóñez, de tez blanca, de ojos claros, tienen una historia triste: “Nosotros nos quedamos huérfanas en tiernas edades, a los once meses que fallece mi papá, muere mi mamá, yo no me acuerdo nada de ella mis, dos hermanos mayores nos dieron educación”, finaliza Hermelinda. (BSG) – (Intercultural).

Visto 167 veces Modificado por última vez en Sábado, 23 Septiembre 2017 15:08
Comunicador

Estamos dispuestos a recibir tus denuncias o noticias que consideres relevantes en tu comunidad o parroquia, previo una revisión será publicada en nuestra web y en las redes sociales

Sitio Web: www.radionabon.com

Deja un comentario

Asegúrese de introducir toda la información requerida, indicada por un asterisco (*). No se permite código HTML.

048375
Today
Yesterday
This Week
Last Week
This Month
Last Month
All days
180
136
1374
46599
3053
5596
48375

Your IP: 54.224.155.169
Server Time: 2017-10-19 23:58:01